


En las tranquilas aguas del Delta del Paraná, las chalanas surcan el río como fieles compañeras del isleño, ese espíritu libre que ha hecho de las islas su hogar. Bajo un cielo que se tiñe de ocres y violetas al atardecer, la chalana avanza lenta, cargada de historias tejidas entre juncos y sauces. El isleño, con las manos curtidas por el remo y el sol, conoce cada recodo del río como si fuera una extensión de su propio alma, un vínculo silencioso entre la embarcación y la corriente que murmura secretos antigüos. En este rincón del mundo, donde el tiempo parece detenerse, la chalana no es solo un medio de transporte, sino un símbolo de vida, resistencia y la danza eterna entre el hombre y la naturaleza.
Muy lindo el enunciado y la ilustración, da como para un sabroso documental, lo esperamos, saludos cordiales CachoRos.